Alex cae en la cuenta de pronto. Dios mío ¿Qué sucede? ¿Tendré yo la culpa? ¿Soy yo el que la está empujando a hacer todo esto? ¿Estoy forzando la situación? Y en ese instante mientras la ve con la respiración todavía acelerada, guiñando ligeramente los ojos y aun enfadada, se percata de cuanto la quiere, de que lo único que le gustaría es verla feliz, de cómo esas palabras, quizá erróneas, le pertenecen en cualquier caso y también por eso le gustan; no son justas, de acuerdo, pero amar a alguien también conlleva asumir la culpa de los errores ajenos… ¿todo eso supone amar a alguien? Se lo pregunta y después se responde a sí mismo con el corazón alegre: sí, eso y mucho mas. Y por primera vez se siente realmente grande, maduro y seguro de su elección.

No hay comentarios :

Publicar un comentario