Y entonces te echas a reír como una tonta. Y algo le pasa también a él. Y os reis aun mas. Y os miráis y os parece que todo este diseñado para haceros reír, y entonces te ríes, te ríes sin cesar y da la impresión de que el destino está de tu parte, si, que vale realmente la pena reír sin parar. Creo que todavía hoy esa sigue siendo una de las cosas que recuerdo con mayor placer, porque los dos pasamos una tarde de esas en las que, de verdad, la barriga se tensa y te duele lo mucho que te has reído. En esos instantes no hay nada más hermoso que esa risotada, te olvidas de todo lo que te ha salido mal y te sientes de verdad reconciliado con el mundo. Y entonces dejas de reírte, sueltas alguna que otra risita nerviosa, pero después te sientes casi satisfecha y exhalas un largo suspiro, como de alivio. Pues bien, eso es vivir, partirse de risa con una persona a la que quieres y que te hace sentirte querida.

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