El día que me quieras, la vida habrá merecido la pena. Parecerá que el camino hasta encontrarnos haya sido fácil e inevitable, dirán que el guión de nuestra historia era previsible, que se veía venir, pero no; no sabrán nada.

No sabrán lo que se siente al buscarte con la mirada entre la multitud y no encontrarte. No serán conscientes de cuantas veces estuve a punto de claudicar, porque es cierto que no mienten aquellos que dicen que la esperanza es lo último que se pierde, pero se pierde. Tampoco entenderán lo duro que puede llegar a ser guardar bajo llave el secreto más bonito que existe; saber con certeza y clandestinidad que una persona ha nacido para ti.

El día que me quieras, me tomaré un minuto sabático para pellizcarme. Se acabarán los corazones de mudanzas y será el final del turismo emocional. Ese día, se me erizará la piel si tú me rozas, me temblarán las piernas y el corazón, me sentiré inestable si me besas, perderé el equilibrio y la razón.

El día que me quieras, llegaré para quedarme. A ti te dejo complicarme la vida, yo espero no decepcionarte, prometo no dosificarme y darte todo lo que tengo.

El día que me quieras será el día menos pensado y llegará, aunque tú aún no lo sepas.

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